Lo más útil para no perder tiempo con un Roomba viejo
- La etiqueta de la parte inferior, junto a la rueda izquierda, te dice el modelo exacto.
- Las series 500, 600, 700, 800 y 900 no son equivalentes: cambian cepillos, navegación y conectividad.
- Los 690 y 890 son especialmente interesantes porque trajeron Wi-Fi a la etapa clásica.
- En segunda mano, la batería y el estado de los cepillos pesan más que el desgaste exterior.
- Si solo quieres aspirado automático básico, un veterano bien cuidado sigue teniendo sentido; si buscas mapas, zonas y app moderna, yo miraría algo más nuevo.
Cómo reconocer qué Roomba tienes entre manos
Yo empiezo siempre por la etiqueta de la parte inferior, cerca de la rueda izquierda. Ahí aparece el número de modelo real, que es más útil que la serie comercial: no es lo mismo un 614 que un 690, ni un 880 que un 960. Si ves cifras como 530, 560, 650, 675, 690, 880 o 980, ya sabes que estás en el terreno de los Roomba clásicos.
También miro dos pistas rápidas: si el robot tiene conectividad o no, y qué tipo de depósito y cepillos usa. Los modelos más viejos suelen depender casi por completo del botón físico y de una base sencilla; los más tardíos de la etapa clásica ya pueden emparejarse por Wi-Fi y aprovechar funciones algo más cómodas. Con esa identificación clara, ya se entiende mejor por qué dos unidades con números parecidos pueden comportarse de forma muy distinta.

Qué cambia de verdad entre las series clásicas
Si yo tuviera que simplificar el panorama, diría que la diferencia entre un Roomba veterano bueno y uno mediocre no está en la marca, sino en la etapa tecnológica. Las series más antiguas trabajan con patrones de limpieza más simples; las más nuevas de esa época añaden mejor navegación, mejores extractores y, en algunos casos, Wi-Fi. AeroVac es el conjunto de depósito y aspiración que aparece en varias series 600 y 700; AeroForce son los extractores de goma de los 800 y 900, pensados para reducir enredos; iAdapt es la lógica de navegación propia de iRobot.
| Serie o modelo | Qué ofrece | Dónde sigue encajando | Limitación típica |
|---|---|---|---|
| 400 / Discovery | Lo más básico; navegación simple y mantenimiento mecánico | Uso ocasional o coleccionista | Sin ecosistema actual y con menos comodidad en recambios |
| 500 / 600 | Construcción robusta; cepillos de cerdas; muchos repuestos | Pisos pequeños y presupuestos ajustados | Menos orden de limpieza y conectividad limitada o inexistente según modelo |
| 690 / 890 | Wi-Fi en la etapa clásica | Quien quiere control desde móvil sin ir a lo último | Experiencia de app más simple que la de generaciones nuevas |
| 700 | Mejor equilibrio entre limpieza y piezas aún disponibles | Uso diario razonable | No es el salto más claro ni en succión ni en navegación |
| 800 / 900 | Extractores de goma, mejor filtrado y 960/980 con más madurez | Pelo de mascota, pelusa y alfombras ligeras | Siguen siendo veteranos frente a los modelos actuales |
La lectura práctica es simple: cuanto más antigua la serie, más manual es el robot y menos ordenada su ruta. Y cuanto más subes hacia 800 y 900, más cerca estás de un comportamiento que todavía puede competir en una casa normal, aunque ya no le pediría milagros. Con eso claro, el siguiente paso es decidir qué modelos usados sí merecen una mirada seria.
Los modelos usados que yo seguiría mirando en 2026
Si tuviera que priorizar, no compraría por nostalgia, sino por relación entre precio, repuestos y comportamiento real. Los 650, 660 y 665 siguen siendo buena idea cuando están baratos y la batería es reciente; los 690 y 890 tienen sentido si quieres Wi-Fi sin entrar en generaciones nuevas; y los 880 o 960 me parecen más redondos si hay pelo, alfombras ligeras o una vivienda algo más exigente.
- 600 de gama media: baratos, comunes y con recambios fáciles de encontrar.
- 690: interesante si quieres control básico desde el móvil.
- 880: mejor opción si te preocupa el pelo y quieres extractores de goma.
- 960: de los veteranos, es el que mejor aguanta una comparación seria con modelos más modernos.
Yo evitaría pagar de más por un modelo solo porque está limpio por fuera. Antes de cerrar la compra, lo importante es comprobar batería, carga y ruedas, porque ahí es donde se esconde el gasto real. Y justo eso es lo que revisaría con calma antes de pagar por una unidad de segunda mano.
Qué revisaría antes de pagar por uno de segunda mano
Yo dedicaría 10 a 15 minutos a una prueba real antes de comprar. Si el vendedor no deja hacerla, asumiría riesgo y solo seguiría si el precio es claramente bajo.
- Batería: inicia una limpieza y mira si aguanta al menos una sesión corta sin apagarse o volver al dock demasiado pronto.
- Carga: revisa que los contactos carguen a la primera y que la base no obligue a recolocar el robot varias veces.
- Cepillos y rodillos: comprueba si giran con suavidad y si hay pelo enredado, ruido o holgura.
- Ruedas y sensores: empuja el robot con suavidad y observa si se mueve recto, sube pequeños obstáculos y detecta bien los bordes.
- App y Wi-Fi: solo si el modelo lo soporta, prueba el emparejado; si falla desde el principio, lo trataría como una señal de descuento, no como un detalle menor.
- Recambios: confirma que la serie todavía tiene filtros, cepillos, ruedas o batería en el mercado; en los Roomba viejos eso marca la diferencia entre mantenimiento razonable y cacharro problemático.
Si dos o más de esos puntos fallan, yo bajaría la oferta o buscaría otra unidad. En un robot veterano, la carcasa puede engañar mucho más que el interior, y por eso el siguiente capítulo no es menor: el mantenimiento decide si compensa quedarse con él.
Cómo mantenerlo vivo sin gastar de más
Mantener vivo un Roomba antiguo no es complicado, pero sí exige disciplina. En este tipo de robots, limpiar a tiempo vale más que forzar el motor o esperar a que aparezcan errores.
- Cepillos: límpialos una vez por semana; si hay mascotas, dos veces.
- Filtro: sacúdelo con frecuencia y cámbialo cuando ya no recupere el flujo de aire.
- Ruedas y rueda loca: revisa pelos y polvo cada pocas semanas para evitar movimientos erráticos.
- Base y contactos: limpia los puntos de carga; muchos fallos de carga empiezan aquí.
- Reinicio: en los 500, 600 y 700 sin Wi-Fi, mantener pulsados HOME y SPOT unos 10 segundos suele sacar al robot de bloqueos menores.
- Barreras físicas: si una habitación le cuesta, una Virtual Wall ayuda más de lo que parece en modelos sin mapeo sólido.
La buena noticia es que todavía hay piezas para muchas series clásicas, así que una avería pequeña no debería condenar el robot. Con ese mantenimiento, un veterano puede seguir limpiando sin drama y sin que cada semana se convierta en una excursión al servicio técnico.
Cuándo yo lo conservaría y cuándo lo mandaría a retiro
Yo conservaría un Roomba antiguo si encaja con una casa sencilla, si la batería aún responde y si su trabajo principal es aspirar sin pedir demasiado protagonismo. En cambio, lo mandaría a retiro cuando ya necesitas mapas más finos, zonas prohibidas, auto-vaciado o una app más actual que el propio robot.
En 2026, cuando un modelo nuevo de entrada ya ronda precios muy contenidos, la comparación ya no es sentimental: si reparar el veterano te acerca demasiado al coste de una compra nueva, el cambio suele tener más sentido. Para mí, esa es la línea real: si el Roomba viejo resuelve tu rutina, se queda; si empieza a generar más mantenimiento que limpieza, sale de casa.
Si me quedo con una sola idea, es esta: un Roomba clásico merece la pena cuando sigue siendo una herramienta útil y predecible, no cuando exige paciencia constante. Ahí es donde yo separo una buena compra de una compra cansada.